El árbol de los idiomas

No todo el mundo tiene el tiempo o el dinero para asistir en persona a clases de idiomas, o pasarse … La propia Sundberg explica que sería imposible incluir en el gráfico los cientos de pequeños idiomas que se hablan en muchas regiones de Europa, pero la ilustración da una idea muy certera de los principales hablados por poblaciones de más de un millón de habitantes.
Los datos han sido tomados de la web Ethnologue, que registra inifinidad de datos sobre el origen y características de los idiomas en el mundo.
Nosotros ya hemos encontrado una ausencia importante: el euskera. La razón, según, Ethnologue es que el idioma autóctono del País Vasco es una lengua aislada que no pertenece al tronco indoeuropeo ni urálico. ¿Habéis encontrado otras? En este enlace, Minna Sundberg ofrece una versión impresa de la infografía a un precio de 15 dólares. [Mentalfloss vía Cool Infographics]
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  • América del Norte: álgicas, alseanass, caddoanas, chimakuanas, chinook, chumash, comecrudanas, esquimo-aleutianas, iroquesas, kalapuya, keresanas, kiowa-tañoanas, maidu, muskogeanas, na-dené, penutí de la meseta, pomoanas, salish, shastan, siux, uti, uto-aztecas, wakash, wintu, yokuts y yuma-cochimíes.
  • México y América Central: álgicas, chibchas, comecrudas, guaicuras, jicaque, lenca, mayas, misumalpas, mixe-zoqueanas, na-dené , otomangues, tequistlatecas, totonacanas, uto-aztecas, xinca y yumano-cochimíes.
  • América del Sur: arauanas, arawak, aymaras, barbacoanas, caribes, chapacura-wanham, chibchas, chocó, chon, guahibanas, jívaro, macro-gê, makú, mascoianas, mataco-guaicurú, múra, nambicuaranas, pano-takananas, quechuas, salibanas, tucanoanas, tupíes, witoto, yanomam, zamucoanas y záparo.
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prohíbe se escribe con tilde en la i y no “prohibe”

Prohíbe, con tilde en la i, y no prohibe, es la grafía adecuada de esta forma del verbo prohibir, conforme explicado en la página de la Fundación de la Lengua Española. Veamos la explicación dada:

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como «Austria prohibe el burka en pleno debatemigratorio», «Este fin de semana se cumplen 10 años desde la ley antitabaco británica que prohibe fumar en casitodos los espacios públicos cerrados» o «Egipto prohibe a los homosexuales salir en medios de comunicación».

Tal como señala la Ortografía de la lengua española, una vocal cerrada tónica (i, u) seguida o precedida deuna vocal abierta (a, e, o) forma hiato y lleva siempre tilde sobre la vocal cerrada, incluso si existe unahache intercalada y con independencia de las reglas generales de acentuación: día, reír, prohíbe, búho, prohíja,cohíbo, caída

Aunque esta norma suele aplicarse adecuadamente, cuando en la palabra aparece una hache entre vocales eshabitual dudar. La norma académica establece ya desde 1956 que la presencia de una hache no afecta a laacentuación del hiato, por lo que se escribe con tilde búho (igual que dúo) o vahído (igual que caído).

Así pues, en los ejemplos iniciales lo apropiado habría sido escribir «Austria prohíbe el burka en pleno debatemigratorio», «Este fin de semana se cumplen 10 años desde la ley antitabaco británica que prohíbe fumar en casitodos los espacios públicos cerrados» y «Egipto prohíbe a los homosexuales salir en medios de comunicación».

Tomado de: http: www.fundeu.es/recomendacion/prohibe-con-tilde-en-la-i-no-prohibe/

El diccionario de la lengua española y la mujer

Por

AMHERST, Massachusetts — Haga usted un experimento: busque una palabra no solamente en un diccionario, sino en muchos distintos. Lo que hallará lo sorprenderá.

Yo mismo lo hice hace poco. Le seguí la pista a la palabra mujer, que —no hace falta decir— está sobrecargada de significado. Desarrollé este experimento en orden regresivo, del diccionario más usado en la actualidad al más polvoriento.

Primero fui al Diccionario de la Lengua Española, que es algo así como un instrumento evangelizador en el mundo hispánico. La edición a la que acudí es de 2001. Dice, entre otras cosas, que mujer es una “persona del sexo femenino”.

Hoy esta definición parecerá sensata a la mayor parte de los usuarios. Se ajusta más o menos a los lineamientos culturales de nuestra sociedad. Pero hay quien se siente incómodo y tengo prueba de ello. Hace unos días se la mostré a un grupo de estudiantes de entre 18 a 22 años. Casi todos estaban inconformes. Propusieron una definición alternativa: “Persona que por sí misma se identifica con el sexo femenino”. Argumentaron que en el presente entendemos la sexualidad como un atributo biológico y también como una dimensión cultural. Uno no nace mujer sino se hace o elige serlo. Es decir, el sexo es una construcción social. Las personas transgénero optan por pertenecer a un sexo u otro.

Esa actitud es muestra de cómo los diccionarios están atrapados irremediablemente en su época. En sus páginas cabe toda la lengua. Vamos a ellos en busca de exactitud. Pero la exactitud de ahora es la inexactitud de mañana. Las expresiones que nos ofrecen son de quienes las hacen y, como anunciaba José Ortega y Gasset, cada uno de nosotros es en sí mismo y en su circunstancia. No es improbable que en la próxima edición del DLE se introduzcan cambios, no importa cuán sutiles sean.

Mi aventura me llevó a otros diccionarios. El Breve diccionario crítico etimológico del español (edición revisada de 1991), de Joan Corominas, dice que mujer viene del latín mulier y da estos derivados: mujercilla, mujerzuela, mujeriego, mujerío, mujerona y mujeruca. La lista da miedo.

María Moliner, una de mis heroínas (por cierto, esta palabra está en vías de extinción) que hasta donde entiendo es la única mujer que por cuenta propia se ha encargado de compilar un diccionario entero (salió en 1962) en castellano, y cuyo interés estaba en los usos que hacemos de las palabras, dice, otra vez entre otras cosas, que ¡Mujer! (Moliner envuelve la palabra entre signos de puntuación) es un “vocativo empleado en exclamaciones en lenguaje familiar, dirigiéndose a niñas o mujeres a las que no se les trata con respeto”. Da varios ejemplos, entre ellos: “¡Mujer… qué cosas dices (ve con más cuidado, …no digas esas cosas, …no quería decir eso, …acompáñame a casa)!”.

Moliner empezó a recopilar palabras en la segunda mitad de los cuarenta, un par de décadas antes de la así llamada “segunda ola feminista”. Ya para entonces ella compartía algunos de los manifiestos de esa ola. Su amigo Dámaso Alonso la impulsó a convertir su pasión en un libro que fuera útil a los demás. Ella silenciosamente insertó en sus definiciones un rechazo a las normas aceptadas de su contexto. Lo hizo sin propuestas aparatosas. Así, poco a poco y desde la sombra, es como trabajan los lexicógrafos. Su impacto es enorme porque establece los parámetros del conocimiento.

Hoy el de Moliner se conoce como Diccionario de uso del español. La edición que tengo en mi biblioteca personal ofrece una lista de variantes del uso de la palabra mujer. Por ejemplo, “mujer de la calle”, “mujer pública”, “mujer fatal”, “mujer objeto” y “de mujer a mujer”. Estas variantes dan muestra de la dosis de subjetividad que inyectamos en la palabra. Reconocer su veracidad es comprobar que hay pocas palabras neutrales.

Seguí luego en mi búsqueda con el Diccionario de autoridades, que fue hecho entre 1726 y 1739. Este lexicón sirvió de base en la redacción del Diccionario de la Lengua Española. El de Autoridades anuncia que muger (hasta el siglo XIX la palabra se escribía con g) “se entiende regularmente a la que está casada con relación al marido”. Dice que muger de la casa es “la que tiene gobierno y disposición para mandar y ejecutar las cosas que le pertenecen y cuida de su hacienda y familia con mucha exactitud y diligencia”. El mensaje es inconfundible: la mujer es esposa y regente doméstica.

De allí, lo que encontré fue, como decía Cantinflas, “de mal en pior”. El primer diccionario importante en nuestra lengua es el Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias, que fue auspiciado por el Santo Oficio de la Inquisición y apareció en 1611. Esta es una fecha importante porque está entre la aparición de la primera y la segunda parte del Quijote, la obra cumbre de la hispanidad renacentista. Allí hallé un párrafo largo y laberíntico que no alcanza a compactarse. Entre otras cosas —y aunque usted no lo crea— dice que muger es “tormento de la casa, naufragio del hombre, embarazo del sosiego, cautiverio de la vida, daño continuo, disfrazado veneno y mal necesario”.

Más que una definición, la de Covarrubias es un exabrupto misógino. Claro que en su época la actitud general ante las mujeres era la de verlas y tratarlas como seres inferiores. Hacia 1680, unos setenta años después, sor Juana Inés de La Cruz, la monja poeta, escribía en México sobre los “hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”.

Mi experimento fue a la vez asombroso y revelador. Los diccionarios son depósitos de la memoria colectiva. Un recorrido a través de ellos es un viaje en el tiempo. Sirve para percatarse de que las palabras que usamos a diario son más que meros vocablos. Guardan secretos históricos. Este ir y venir me hizo pensar en la “Oda al diccionario” de Pablo Neruda, acaso uno de los poemas más hermosos que conozco:

Diccionario, no eres tumba, sepulcro, féretro, túmulo, mausoleo,
sino preservación, fuego escondido, plantación de rubíes, perpetuidad viviente de la esencia, granero del idioma.

Tomado de: https://www.nytimes.com/es/2017/10/06/el-diccionario-y-la-mujer/

 

¿Por qué «México» se escribe con «x» si se pronuncia con «j»?

Por más que Donald Trump se empeñe en decir que México [Méksiko] pagará de su bolsillo el muro que él mismo prometió construir, hay que aconsejarle algo: se pronuncia [Méxiko], con una fricativa velar sorda —cuyo fonema es /x/—. Esto puede llevar a confusión, así que conviene explicarlo brevemente: en el Alfabeto fonético internacional  se representan con el fonema /x/ los sonidos que en castellano escribimos con la letra ante a, e, i, o, u y con g ante e, i. 

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Extraído de Quilis (1985).

También podríamos seguir la representación de fonemas que sigue la Real Academia Española para sus obras (DLEOLE 2010NGLE), de tal forma que la grafía j se representaría con el fonema /j/, y no con /x/. Aclarado esto, es preciso explicar por qué se escribe Méxicoen lugar de Méjico, o Texas en lugar de Tejas. Según queda recogido en la Ortografía de la lengua española(2010), «hasta principios del siglo XIX, el fonema /j/ podía ser también representado en español por la letra x» (p. 109). Sin embargo, en la octava edición de la Ortografía de la lengua castellana (1815) se decidió eliminar el uso de la letra x como representación del fonema /j/ —o /x/, según el AFI—. De esta manera, solo las letras g (ante e, i) y j (ante todas las vocales) representarían el sonido fricativo velar sordo. 

Ahora bien, en la Ortografía de la lengua española (2010) se señala lo siguiente:

[…] Quedan algunos restos del antiguo valor de la x como representante del fonema /j/ en ciertos topónimos y antropónimos que mantienen una grafía arcaica, como México, Oaxaca o Texas […]. No debe olvidarse que la pronunciación correcta que corresponde hoy a la x en todos estos casos es /j/ ([méjiko], [oajáka], [téjas], [jiména], [mejía], etc.) (p. 109).

También es posible adaptar estos topónimos y antropónimos que conservan la a la ortografía actual, de tal modo que los escribamos así: Méjico, Tejas u Oajaca. Los derivados de estos nombres también pueden escribirse con x o j —mexicano o mejicanooaxaqueño u oajaqueño o texano y tejano—. Ahora bien, cabe insistir en que la grafía de estos términos no tiene por qué incidir en su fonética, por más que en inglés digan [méksiko] en lugar de [méjiko] (o [méxiko]). Con la pronunciación de México como [méksiko] —o para entendernos, como lo pronunciaría un anglohablante— estamos partiendo del plano escrito al plano oral, cuando por lo general es al revés: las lenguas se hablan, tienen una oralidad, y a partir de ahí se pasa al plano escrito —buena prueba de ello es que hay lenguas que no tienen escritura, llamadas lenguas ágrafas—.

Referencias bibliográficas:

Quilis, Antonio (1985). El comentario fonológico y fonético de textos. Madrid: Arco Libros.

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2010). Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa, 2010.

Tomado de: http://wp.me/p8e1Nz-g1

¿Qué es la silepsis?

Los errores gramaticales también ocupan un lugar en lo que denominamos como gramática descriptiva. Al igual que el otro día hablábamos acerca de los solecismos, hoy lo haremos sobre la silepsis. Según el Diccionario de la lengua española, la silepsis es una «construcción sintáctica en que dos términos de la oración concuerdan en género o número de manera lógica, y no según la norma gramatical, como en vuestra beatitud(femenino) es justo (masculino), o en la mayor parte (singular) murieron(plural)». Por tanto, estamos ante un error de concordancia entre sujeto y verbo; por lo general, tal error se produce por ajustar la construcción sintáctica al significado de los sintagmas, y no a la norma gramatical que implica concordar sujeto y verbo. En este fenómeno es preciso mencionar el significado ad sensum, que es el que propicia que haya errores de concordancia entre sujeto y verbo. Así pues, cuando decimos La gente estaban ahí delanteestamos concordando por el sentido —pues entendemos que se piensa en varias personas cuando hablamos de gente— y no por la concordancia sintáctica.

Además, cabe diferenciar entre estas construcciones y aquellas en las que existe vacilación a la hora de concordar sujeto y verbo, verbigracia, en las que aparece la estructura cuantificador + de + sustantivo en plural, donde la concordancia puede darse tanto en plural como en singular. De este modo, podemos encontrar oraciones como La mayoría de profesores entró al aula o La mayoría de profesores entraron al aula o como un grupo de alumnos asistió al seminario o un grupo de alumnos asistieron al seminario. En ambos casos, las estructuras sintácticas están bien formadas, pues como indica el Diccionario panhispánico de dudas, «la mayor parte de estos cuantificadores admiten la concordancia con el verbo tanto en singular como en plural, dependiendo de si se juzga como núcleo del sujeto el cuantificador singular o el sustantivo en plural que especifica su referencia». En estas construcciones, como se mencionaba atrás, no encontramos la silepsis, pero sí en otras como La gente nos están empujando.

También es preciso hablar de la estructura lo + adjetivo + que, puesto que suele dar problemas a la hora de concordar el sujeto con el verbo. De este modo, hay oraciones como Te lo explico por lo INTERESANTE que son las visitas al Museo del Prado cuya construcción correcta hubiera sido Te lo explico por lo INTERESANTES que son las visitas al Museo del Prado. Ocurre algo semejante con la estructura uno/a de los/las que + verbo, donde la concordancia debería hacerse con el sujeto —que en este caso sería el relativo los/las— en lugar de con el cuantificador, como en Uno de los que ASISTIERON a la cita fue él(concuerda con el relativo) o en Uno de los que asistió fue él. Ambos casos, según el Diccionario Panhispánico de dudas, se consideran correctos, aunque stricto sensu, la concordancia con el relativo sería la que mas se ajustaría a la norma gramatical.

En definitiva, la silepsis es una simple ruptura de la concordancia, entendida esta como parte de la norma gramatical. Ahora bien, cabe insistir en que nadie está exento de cometer tal error, sobre todo en lo que concierne al mero acto del habla.

Obras consultadas:

Real Academia Española. (2014). Silepsis. En Diccionario de la lengua española (23.ª ed). Recuperado de http://dle.rae.es/?id=XsjAUPM

Real Academia Española. (2005). Concordancia. En Diccionario panhispánico de dudas. Recuperado de http://lema.rae.es/dpd/srv/search?id=XEVeLzVZaD6CG25cW5

Tomado de: http://wp.me/p8e1Nz-jv

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