Errores típicos al escribir un libro

Errores al escribir

Por:    Carmen Guillén

Si el otro día pensaba en esos lectores que también son escritores, hoy lo vuelvo a hacer. Os traigo una serie de errores típicos al escribir un libro que quien más y quien menos ha cometido alguna vez. ¿Estáis de acuerdo con ellos? ¿Pondríais algunos más?

Vamos a enumerarlos:

  1. Los detalles y la excesiva adjetivación es lo que más abunda en muchos textos literarios. ¡Error! Para hacer una lectura agradable, sencilla y amena, debes poner los detalles precisos y no cargar el texto en exceso de ellos. Estos sólo consiguen aburrir al lector y que cada vez se sienta más perdido en tu lectura.
  2. No te pones en la piel del lector. Cuando escribimos, debemos hacerlo pensando además de que nos guste a nosotros mismos, que le guste a nuestros lectores. Por ello, antes de empezar, te recomendamos que selecciones el público al que quieres dirigir tu obra (público infantil, juvenil, lectores de novela erótica, apasionados de la historia, mujeres, etc.) y pensar en todo momento, si lo que estamos escribiendo le gustaría a ese público seleccionado. Así te asegurarás de que en caso de que lo auto-publiques o te lo publiquen, tengas éxito.
  3. No dejes finales abiertos. A veces están bien, pero la verdad es que es realmente “cruel” escribir una novela realmente buena que nos deje expectantes hasta el final para encontrarnos que este es abierto a la imaginación de cada uno. Estos finales no suelen gustar.
  4. Un diálogo mal hecho. Los diálogos entre personajes es de lo que más atormenta a los escritores. Muchos son demasiado ficticios y no tienen nada de naturalidad; otros sin embargo, son demasiado simples y no tienen demasiada consecuencia ni efecto en el resto del libro. Cuando hagas un diálogo, dedícale tiempo y léelo tantas veces haga falta antes de continuar tu libro.
  5. Expresiones que estamos hartos de oír. Muchas veces escribimos coletillas o expresiones que todos escuchamos y leemos en uno y otro lado. No las utilices, y si lo haces, que sea rara vez. Suelen cansar al lector.
  6. No escribas un final más que evidente desde la primera página de su lectura. Los finales que se intuyen desde las primeras páginas del libro hacen que el resto sea demasiado aburrido porque no dejas nada a la imaginación del lector, y de estos, por desgracia, abundan…

Podría poner alguno que otro más, pero no voy a ser la típica redactora pedante (los narradores pedantes también suelen ser bastante tediosos de leer) y os dejo con estos seis. ¿Creéis que me equivoco con ellos o por el contrario estáis de acuerdo?

Tomado de: https://wordpress.com/read/blogs/43034577/posts/27783

Vea tambiém:

La ortografía de las redes sociales en la mira de los lingüistas

https://espanolaldia.wordpress.com/2013/10/06/manual-ortografico-para-escribir-en-internet/

Al final de cuentas, ¿es español o castellano?

Español o Castellano

Senda confusión esta que crea nuestra maravillosa lengua serventina. Especialmente para los extrajeros, aun persiste la duda por el uso de los términos español y castellano.

Es frecuente que al preguntar por el nombre de la lengua de los hispanohablantes obtengamos dos respuestas: castellano y español. Haga la prueba. Por lo general, empleamos ambos indistintamente; sin embargo, si atendemos a su origen podemos afirmar que entre estos dos términos existe alguna diferencia.

Como sabemos, nuestra lengua tiene su origen en el latín vulgar implantado en la península ibérica (actual España y Portugal) desde el siglo III a. C. y que hacia el siglo VII se irá fragmentando hasta dar lugar a las llamadas lenguas romances: castellano, catalán, gallego, portugués, ente otras.

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“Populismo” es la palabra del año

Populismo es la palabra del año 2016 para la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia EFE y BBVA.

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Por cuarto año consecutivo, la Fundéu BBVA ha dado a conocer su palabra del año, elegida entre aquellos términos que han marcado la actualidad informativa de 2016 y tienen, además, interés desde el punto de vista lingüístico.

Tras elegir escrache en 2013, selfi en 2014 y refugiado en 2015, el equipo de la Fundación ha optado en esta ocasión por populismo, una palabra originalmente neutra, pero que se ha ido cargando de connotaciones hasta convertirse en un arma en el debate político.

«Parecía claro que en un año tan político como este, con acontecimientos de importancia global como el brexit, la victoria electoral de Donald Trump y los diferentes procesos electorales y plebiscitarios en América y España, la palabra del año de Fundéu tenía que venir de ese ámbito», explica el coordinador general de la Fundación, JavierLascuráin.

De hecho, varias de las doce candidatas que se anunciaron hace unos días estaban relacionadas con la política: sorpaso, abstenciocracia, posverdad y la ganadora, populismo. Sigue leyendo

El español: una lengua en continua evolución

Michael, americano que ha pasado unas semanas trabajando en ileon.com, escribe sobre ‘palabrotas’, anglicismos y otras expresiones que llaman la atención en el extranjero… Sin ponernos en el compromiso de por qué los usamos, nos hace reflexionar sobre el uso que damos a ciertos vocablos, y sobre su supervivencia, o no, en el futuro.See it…

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¿Por qué algunos países de América Latina usan el ‘vos’ en vez del ‘tú’?

Algunos países hablan de tú, otros de ‘vos’ y otros usan los dos. Pero, ¿dónde y por qué? BBC Mundo consultó a especialistas.See it on Scoop.it, via Todoele – ELE en los medios de comunicación

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¿De dónde vienen? ¿Especial o diversa?

elespanolaldia

educacionDesde el punto de vista etimológico, especial, palabra registrada en la lengua española alrededor del 1220-1250, se deriva de especie, del latín species, “tipo, especie” y propiamente “aspecto, apariencia”, porque, a su vez, species viene de specere, palabra que en el latín arcaico significaba “mirar”. Hoy, su primera acepción en el DRAE reza: “singular o particular, que se diferencia de lo común o general”.
Entre sus sinónimos se hallan extraordinario, excepcional, asombroso, bello, bueno, impresionante, extraño, grande, original, raro, diferente, diferenciado, personal, particular, propio, singular, único, exclusivo, aislado, concreto, determinado, distinto, de encargo, específico, individual, a la medida, peculiar, señalado, separado, sui generis. El término especial procede del latín especialis, al igual que especializar, especialista y especialidad, y también se relaciona con especioso, de speciosus, “hermoso, con una bella apariencia”.
Sin embargo, defecto, “carencia de alguna cualidad propia de algo…

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Las primeras palabras latinoamericanas que entraron al diccionario de la Real Academia Española (RAE)

Para responder a esa pregunta BBC Mundo se sumergió en el Diccionario de autoridades, publicado entre 1726 y 1739, fundamento de lo que hoy se conoce como el Diccionario de la lengua española o también como Diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

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La confusión por el uso del término “presidenta” en Brasil

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En Brasil existe una fervorosa confusión por el uso del término “presidenta”, aplicado a la líder de la nación, Dilma Rousseff. Claro, este enredo tiene que ver con la estructura gramatical del idioma portugués. Pero, ¿será que este malentendido aplica también al idioma español? ¿Será correcto emplear el término femenino “presidenta”, o debe siempre usarse el género masculino “presidente” para ambos sexos?

Presidenta
Dilma Rousseff, en el parlamento brasileño, defendiéndose del proceso de suspensión de su mandato presidencial (Foto: http://www.senado.gov.br)

Transcribimos aquí la opinión de la Real Academia de la Lengua Española.

Circula por internet un documento que aduce una serie de razones pseudogramaticales para censurar el uso de femeninos como presidenta. La parte fundamental de la explicación dice:

El participio activo del verbo atacar es «atacante»; el de salir es «saliente»; el de cantar es «cantante» y el de existir, «existente». ¿Cuál es el del verbo ser? Es «ente», que significa ‘el que tiene entidad’, en definitiva ‘el que es’. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación «-nte». Así, al que preside, se le llama «presidente» y nunca «presidenta», independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.

Esta argumentación se basa en tres afirmaciones:

  • que el participio activo del verbo ser es ente,
  • que la terminación –nte que añadimos a los participios activos de los verbos procede de ente,
  • que dicha terminación se toma de ente porque este denota entidad o significa ‘el que es’.

Sin embargo:

1. El participio activo del verbo ser no es ente. El único participio que actualmente tienen, de forma general, los verbos españoles, es el de perfecto (por ejemplo sido, para el verbo ser, o comido para comer). Solo algunos verbos tienen entre sus derivados los llamados participios activos, que hoy se consideran sustantivos (como presidente) o adjetivos (como atacante o cantante). El verbo ser tuvo en el pasado una forma de participio activo hoy perdida, pero no era ente sino eseyente.

2. La terminación –nte no procede de ente. Nuestro sustantivo ente (que, como se ha dicho, no es el participio del verbo ser) sí que deriva, sin embargo, de ens, entis, participio de presente del verbo latino esse (‘ser, estar’). Pero el hecho crucial no es que el participio del verbo ser en latín tuviera esta forma entis, sino que todos los participios de presente del latín tenían esta misma forma: e-ntis, ama-ntis, lege-ntis, capie-ntis, etc. Obviando la raíz verbal y la vocal temática que quedan a la izquierda del guion, en todas estas formas lo que encontramos es la secuencia –nt– y la terminación –is, desinencia de caso genitivo.

Esta secuencia –nt– es un infijo, un elemento que se inserta en el interior de una palabra, y es una marca morfológica que indica un subtipo concreto de declinación por el que se guían algunas de las palabras que forman parte de la tercera declinación latina. Este mismo infijo, y este mismo submodelo de declinación (llamado precisamente temas en –nt-), está presente también en otras lenguas, como el griego clásico. Aunque por este modelo de temas en –nt– se declinan solo unos pocos sustantivos y adjetivos, en la práctica es muy productivo, porque es el modelo por el que se declinan todos los participios de presente activos de todos los verbos latinos y varios de los participios del griego clásico.

3. La terminación -nte no se toma de ente porque este denote al ser. El hecho de que esta secuencia -nt- aparezca no solo en ente, sino en todos los participios de los verbos latinos e incluso en otros adjetivos (como prudentis, ‘prudente’), sustantivos (como /leontos/, ‘león’ en griego) y determinantes (como /panta/, ‘todo’ en griego) prueba que esa –nt– no ha sido nunca, a lo largo de su historia, marca de entidad o de existencia. Nunca, por sí sola, ha denotado al ser, al ente. Llegó a denotar, en latín, al ente al entrar en interacción con el verbo ser, pero entró en contacto con este verbo, como con todos los demás verbos latinos, pues no es más que una marca morfológica de la que los verbos se sirven para declinar una de sus formas no personales, el participio.

Lo que históricamente existe es este infijo –nt– y no la terminación –nte. Recordemos que en las formas amantis o legentis la terminación –is es marca de genitivo, pero este es solo uno de los seis casos que tienen las declinaciones latinas. Estas declinaciones establecen distintas terminaciones en función del caso, del género y del número: un participio como entis puede tener potencialmente hasta 24 desinencias, es decir, 24 terminaciones después del infijo –nt– (entem, entis, enti, entium, entia, etc.) que se encargan precisamente de marcar el caso, el número y el género. Nada, por tanto, en la morfología histórica de este elemento –nt– impide que las palabras que se forman con él tengan una forma distinta para el género femenino; es más, históricamente este infijo ha formado parte de palabras que explícitamente diferenciaban el género.

Por último. Es cierto que el español conserva este infijo fundamentalmente en la terminación –nte, y es fácil caer en el error de creer que la emplea solo para referirse a la persona que realiza la acción del verbo (presidente el que preside, cantante el que canta, atacante el que ataca). Sin embargo esto no es una verdad absoluta: ni todos los verbos se refieren al agente con esta terminación, ni siempre que esta terminación aparece se asocia a la persona que lleva a cabo la acción del verbo.

Los que luchan, los que inventan, los que trabajan, los que corren, etc. no son los luchantes, los inventantes, los trabajantes, etc. sino el luchador y la luchadora, el inventor y la inventora, el trabajador y la trabajadora. El español actual conserva, además, casos en los que este infijo es más una mera marca gramatical (heredera de un antiguo participio que hoy ya no se siente como tal): mediante, de mediar; durante, de durar; o bastante, de bastar. Y de hecho, en el español de otras épocas estas palabras tenían forma en plural (era, por ejemplo, posible decir ellas durantes).

Nada en la morfología histórica de nuestra lengua, ni en la de las lenguas de las que la nuestra procede, impide que las palabras que se forman con este componente tengan una forma para el género femenino. Las lenguas evolucionan y en esa evolución se transforman. Estos cambios se deben a muchas causas, algunas son causas internas (evoluciones fonéticas, por ejemplo); otras son externas, el contacto con otras lenguas o el cambio en las sociedades que las hablan. Para que una lengua tenga voces como presidenta, solo hacen falta dos cosas: que haya mujeres que presidan y que haya hablantes que quieran explícitamente expresar que las mujeres presiden. Si esas dos circunstancias se dan, ninguna supuesta terminación, por muy histórica que sea su huella, frenará el uso de la forma femenina (pregúntese el lector por qué no se han levantado voces contra el uso del femenino sirvienta). Pero es que, además, en el caso de este infijo concreto, la historia de nuestra lengua y la de las lenguas que la precedieron pueden llegar a avalar el uso de voces como presidenta, pues al hilo de esta explicación parecen ser menos conservadoras que la variedad actual.

Vea: http://www.fundeu.es/escribireninternet/presidenta/

Vea esta otra explicación de la Academia de la Lengua:

La palabra presidenta está registrada en el Diccionario académico y es una forma válida y preferible a presidente para aludir a las mujeres que ocupan ese cargo.

En las noticias es frecuente encontrar las formas presidenta y presidente para aludir a mujeres como en «La presidenta argentina exhortó a seguir por el camino de la reindustrialización», «Existía la esperanza de que con la llegada de la presidente Bachelet se eliminaría este impuesto» o «Ana Patricia Botín, nueva presidente del Santander».

Dado que la mayoría de las palabras que han añadido el sufijo -nte son comunes en cuanto al género (como el donante y la donante, del verbo donar), a menudo se plantea la duda de si sucede lo mismo en el caso de presidente y ha de ser siempre la presidente cuando alude a una mujer.

Sin embargo, la Gramática académica explica que la voz presidenta es un femenino válido en el que se ha cambiado la e final por a, al igual que ocurre con asistenta, dependienta, infanta o intendenta. Puesto que, además, presidenta ya tiene registro académico desde el Diccionario de 1803, se emplea desde mucho antes y es la forma mayoritaria según el Diccionario panhispánico de dudas, no parece que haya motivo para no usar o incluso para no preferir esta forma cuando el referente es una mujer.

Por esta razón, en los dos últimos ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «Existía la esperanza de que con la llegada de la presidenta Bachelet se eliminaría este impuesto» o «Ana Patricia Botín, nueva presidenta del Santander».

Se recuerda además que los cargos se escriben con minúscula inicial (presidenta, no Presidenta).

Ver: http://www.fundeu.es/recomendacion/presidenta-femenino-correcto/

 

Salvar

¿Dónde nació el monstruo de Frankenstein? En la misma casa donde se concibió a Drácula

El otro día tuve que escribir un artículo sobre Ginebra: Cosas que no sabías sobre Ginebra o lo que opinaba Borges al respecto. Ahora quiero hablaros de nuevo de esta ciudad suiza, pero centrándome en los alrededores. Concretamente del fascinante caserón donde nacieron algunos de los monstruos más famosos de la literatura. Es uno de tantos caserones de las afueras de Ginebra, rodeados de jardín y vistas espectaculares del Lago Leman. Su nombre: Villa Diodati. El lugar de reunión de tres escritores durante el año 1816.
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El ambiente antológico sirvió de fuente de inspiración para la obra de Mary Godwin, Frankenstain

Hay que superar la ceguera del nacionalismo para fortalecer la presencia del idioma español en el mundo

El director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, cree que hay que superar «la ceguera del nacionalismo español» y darse cuenta de la gran riqueza patrimonial de Iberoamérica. A su juicio, «tendríamos mucha más fuerza en Europa».

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García de la Concha: “Hay que superar la ceguera del nacionalismo español” (Foto: diario.es)

«Promovería además la lengua en los tratados comerciales entre Europa y EE. UU. y entre Europa e Iberoamérica», añadió De la Concha en la inauguración del curso de verano de la Universidad Complutense de Madrid, «Desenvolverse con éxito en el mercado de la enseñanza de las lenguas extranjeras», en San Lorenzo de El Escorial.

García de la Concha afirmó que, para consolidarse como segunda lengua internacional de comunicación, el español debe contar con mucha más aceptación en los organismos internacionales. Según sus palabras, «ahí es donde estamos fallando».

El director argumentó que se ha fallado sobre todo en Europa, donde se  ha favorecido a la franja superior y no a la franja sur (Italia, Portugal y España), por lo que considera que es un problema de trabajo político donde se tiene que trabajar.

Cree también que EE. UU. puede jugar un papel muy importante para que el español se consolide como segunda lengua de comunicación internacional . Para ello, hay que realizar un trabajo panhispanisco, es decir, ‘descubrir el valor del panhispanismo (la unión de los países castellanohablantes) y hacer una labor común’ para su difusión.