Champillion, el más grande de los egiptólogos

Jean-François Champollion (Figeac, 23 de diciembre de 1790 – París, 04 de marzo de 1832) fue un lingüista e egiptólogo francés. Científico e investigador de extraordinaria capacidad y dedicación. Es considerado el padre de la egiptología y es a él a quien se debe la decodificación de los jeroglíficos egipcios, dando a conocer las maravillas artísticas y arqueológicas de los antiguos textos egipcios, revelando al mundo el secreto de sus misteriosos y profundos contenidos.

Champollion

Champollion estudió todas las lenguas que conducían al pasado de Egipto, especialmente después del descubrimiento de la llamada Piedra Roseta, el 15 de julio de 1799, por uno de los soldados del famoso ejército napoleónico, durante una campaña a Egipto. Después de los trabajos de Champillion, todo quedó más claro. Ahora era solo seguir el camino trazado por él. Como consecuencia, los estudios sobre la antigua cultura egipcia fueron “parametrizados”, organizados y estructurados, de forma tal que los principios científicos fueron observados y respetados, trayendo grandes beneficios al estudio y a la comprensión de las antiguas culturas semíticas y camíticas, especialmente.

Desciframiento de la piedra de Rosetta

Historia de Chompallion, contado por Carl Sagan
Vídeo sobre el descubrimiento de la Piedra Roseta

Historia general de los Estados Unidos y su relación con la cultura hispánica

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El descubrimiento

Alrededor del año 1000, un grupo de vikingos islandeses bajo el mando de Leif Ericson navegaron hacia la costa oriental de América del Norte. Arribaron a un lugar que llamaron Vinlandia. En la provincia canadiense de Terranova se han encontrado vestigios de una colonia vikinga. Es probable que los vikingos también hayan visitado Nueva Escocia y Nueva Inglaterra. Sin embargo, no lograron fundar colonias perrnanentes y pronto perdieron contacto con el nuevo continente.

Quinientos años más tarde, la necesidad de incrementar el comercio y un error de navegación propiciaron un nuevo encuentro con el continente americano. A finales del siglo XV había en Europa una gran demanda de especies, textiles y tinturas de Asia. Cristóbal Colón, marino italiano, creyó erróneamente que podría llegar al Lejano Oriente navegando 6.400 kilómetros hacia el oeste partiendo de Europa. En 1492, persuadió a los reyes de España para que le financiaran el viaje. Colón navegó hacia occidente pero no llegó a Asia sino a una de las Islas Bahamas en el Caribe. Colón llegó a explorar la mayor parte del área caribeña. Jamás alcanzó el Lejano Oriente; pero en cambio regresó a Europa con oro, y en el lapso de 40 años los avaros aventureros españoles habían conquistado un enorme imperio en Centro y Suramérica. Los españoles también fundaron algunas de las primeras colonias norteamericanas: San Agustín en Florida (1565), Santa Fé en New Mexico (1609), y San Diego en California (1769).

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La letra “ñ” también es gente

La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio. Todos evasores de la eñe. ¡Señoras, señores, compañeros, amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta la apócope. Ya nos han traducido el pochoclo. Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe con su gracioso peluquín, el ~. ¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? ¿Entre la fauna en peligro de extinción figuran los ñandúes y los ñacurutuces? ¿En los pagos de Añatuya cómo cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo? ¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata contra el vidrio? ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní? “La ortografía también es gente”, escribió Fernando Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K. Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui. A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta. Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y comodidad. Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños. ¡Impronunciables nativos! Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos canta. No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable César Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio. Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda y vuelva a llamarse Hispania. La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera dónde se debate nuestro discriminado signo.
Letra es sinónimo de carácter. ¡Avisémoslo al mundo entero por Internet! La eñe también es gente.

 

Tomado de: http://www.me.gov.ar/efeme/mewalsh/laenie.html

Teoría del Caos y el Efecto Mariposa

Definición de Universidad

El secreto de progresar

El secreto de progresar

El poder de la letra ‘a’

La letra “a” es tan poderosa que ejerce una tremenda influencia en las palabras. Por razones obvias, no paramos para pensar en cómo es que esta letra nos afecta. Veamos entonces algunos detalles sobre este asunto.

Letra AEl Diccionario de la lengua española (2005), de Espasa-Calpe, menciona algunos detalles que nos interesan, definiendo de esta forma la letra ‘a’: “f. Primera letra del alfabeto español y primera de las vocales: la ‘a’ es la vocal más abierta. pl. ‘aes’. Prep. Denota el complemento de la acción del verbo: respeta a los ancianos. Seguida del artículo ‘el’, forma la contracción ‘al’. Es régimen preposicional de muchos verbos, sustantivos y adjetivos: fiel a los amigos. Forma locuciones prepositivas: a diferencia de. Forma expresiones adverbiales: a dedo.

También, la letra ‘a’ indica dirección o destino: ir a la oficina. Indica posición, situación o estado: estar a la derecha; echar los garbanzos a remojo; seguir a la espera. Indica el momento en que ocurre una cosa: llegará a las dos. Indica intervalo de lugar o de tiempo: tu pueblo está a 20 km; tardaron media hora en ir de un sitio a otro. Indica finalidad: vendrá a comer. Se usa en muchas perífrasis: quedarse a dormir. Indica el modo o manera en que se hace algo: hablar a voces; cita a ciegas. Indica el precio de algo: las patatas están a setenta pesetas el kilo. Indica una orden. Va seguida de un infinitivo: ¡a callar! Indica distribución: tocamos a dos dólares por persona. Indica comparación o contraposición entre dos personas o conceptos: va mucho de tu hermano a tu novio. Indica el instrumento con que se hace algo: moler a palos. Indica el límite de algo: llegar el agua a las rodillas. En expresiones de sentido condicional, equivale a la conjunción ‘si’. Va delante de un infinitivo: a decir verdad. No se debe confundir con ‘ha’ (del verbo ‘haber’) ni con la interjección ‘¡ah!’

Según el Diccionario de Términos Literarios, la letra ‘a’ es la primera letra del alfabeto castellano, procedente del latino. Su origen es el jeroglífico egipcio en escritura hierático-cursiva conocido como ahom, que representa a la cabeza del ibis. Entre los fenicios se llamó alph (‘buey’), por su semejanza con el contorno de la cabeza del animal y dio lugar a la aleph hebrea. Para los griegos, alfa era el símbolo de los malos augurios en los sacrificios.

En lógica, es el signo de la proposición universal afirmativa y, en métrica se utiliza para señalar, junto al resto de las letras del abecedario, las diferentes rimas de una estrofa o de un poema. La A mayúscula, se utiliza para versos de arte mayor (a partir de ocho sílabas), mientras que la a minúscula para versos de arte menor (de hasta ocho sílabas):

Un detalle interesante tiene que ver con el enorme conjunto de palabras que inician con el sufijo ‘a’, como en el caso de ‘acariciar’, ‘admirar’, ‘ajustar’, ‘amansar’, etc., que al ser separado de cuerpo de la palabra (raíz), nos permite tener una visión más clara sobre el significado de dicha palabra (*a-cariciar, *ad-mirar, *a-justar, *a-masar).

Aprended, flores, de mí  [a]

lo que va de ayer a hoy  [b]

que ayer maravilla fui  [a]

y hoy sombra mía aún no soy.  [b]

Luís de Góngora

Se me hiela la voz en la garganta.  A

Mi voz más dulce, con la que solía  B

hablar de amor a solas, se me enfría  B

aprisionando todo lo que canta.  A

Ángel González.

Escuela se torna referencia del castellano en Brasil

Eduardo Davis

Brasilia, 6 oct (EFE).- Un colegio del estado brasileño de Minas Gerais que cuenta con apoyo del Ministerio de Educación y Cultura de España se ha convertido en referencia para el idioma de Cervantes en el país, en el que el español se afianza como la segunda lengua.

La escuela Santa María, de la ciudad de Belo Horizonte, tiene capacidad para unos 1.600 alumnos de primaria y secundaria, pero este año ha visto desbordada por una enorme demanda que el director del instituto, el cura José Fernando de Mello, ha atribuido en buena medida a la “excelencia” alcanzada en español.

“Tenemos una lista de espera que crece cada día” para el próximo curso, explicó a Efe de Mello, conocido por sus alumnos como “padre Fernando”, quien dijo lamentar no estar en condiciones de poder satisfacer por completo esa demanda.

El colegio Santa María es el único Centro de Convenio que el Ministerio de Educación y Cultura de España mantiene en Brasil y que recibe de ese despacho apoyo académico, curricular y de gestión.

Los cursos se imparten en español y portugués, por lo que es el único Centro de Convenio bilingüe existente en América Latina, donde hay escuelas del mismo carácter en otros países pero todos hispanohablantes, como Argentina, Chile, México, Colombia, Paraguay, Uruguay y la República Dominicana.

Esa condición facilita a los alumnos del Santa María la obtención de la doble titulación, lo cual, según el padre Fernando, es uno de los factores que alienta la demanda por una plaza en esa escuela.

No obstante, el rendimiento académico obtenido por los alumnos del Santa María es el más poderoso imán de este colegio, que se situó en 2011 en el puesto 24 en el Examen Nacional de Enseñanza Media (Enem), que realiza anualmente el Ministerio de Educación de Brasil para medir la calidad de las escuelas de todo el país.

Según el padre Fernando, ese rendimiento es producto, entre otras cosas, de la enseñanza bilingüe que los alumnos reciben desde los primeros años, que “abre nuevos horizontes para los niños”, mejora su capacidad de comprensión y desarrolla su curiosidad.

En el colegio Santa María se imparten en castellano las disciplinas de Literatura española, Historia y Geografía de España, Filosofía, Sociología y Religión, mientras que el resto de las materias es dictado en portugués.

“Los alumnos tienen que hablar, pensar y discutir en español”, lo cual se refuerza con otras actividades culturales, que incluyen una permanente representación de obras de teatro habladas en la lengua de Cervantes, explicó de Mello.

Aunque no ocurre con regularidad, muchos de los alumnos también tienen la oportunidad de viajar a España, como ocurrió en 2011 con un grupo de 45 niños que pasó diez días entre Madrid y Barcelona.

El convenio que vincula a la escuela Santa María al Ministerio de Educación y Cultura de España se firmó en 1999, pero el interés por el español recibió un poderoso empuje en 2005, cuando el Gobierno brasileño sancionó una ley que obliga a todas las escuelas del país a ofrecer a sus alumnos la posibilidad de estudiar esa lengua.

En la actualidad, y en buena medida gracias a esa ley, las autoridades educativas de Brasil calculan que unos 4,5 millones de niños reciben clases de español en sus escuelas, sean públicas o privadas.

A ese esfuerzo se ha sumado el Instituto Cervantes, que mantiene ocho sedes en Brasil, el país con el mayor número de centros de esa institución española en el mundo.

Uno de esos núcleos está en Belo Horizonte y tiene diversos planes de cooperación con el colegio Santa María, que este año será incluso una de las sedes en Brasil para los exámenes de los Diplomas de Español como Lengua Extranjera (DELE). EFE

 

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Paulo Freire… Profesor de Profesores

Nací el 19 de septiembre de 1921, en Recife, Estrada de Encanamento, barrio de la Casa Amarela.

Joaquín Temístocles Freire, de Rio Grande del Norte, oficial de la Policía Militar de Pernambuco, espiritista, aunque no miembro de círculos religiosos, bueno, inteligente, capaz de amar: mi padre.

Edeltrudis Neves Freire, de Pernambuco, católica, dulce, buena, justa: mi madre.

El murió hace mucho tiempo, pero me dejó una huella imborrable. Ella vive y sufre, confía sin cesar en Dios y en su bondad.

Con ellos aprendí ese diálogo que he tratado de mantener con el mundo, con los hombres, con Dios, con mi mujer, con mis hijos. El respeto de mi padre por las creencias religiosas de mi madre me enseñó desde la infancia a respetar las opciones de los demás. Recuerdo aún hoy con qué cariño me escuchó cuando le dije que quería hacer mi primera comunión. Elegí la religión de mi madre y ella me ayudó para que la elección fuese efectiva. Las manos de mi padre no habían sido hechas para golpear a sus hijos, sino para enseñarles a hacer cosas. La crisis económica de 1929 obligó a mi familia a trasladarse hasta Jaboatao, donde parecía menos difícil sobrevivir. Una mañana de abril de 1931 llegábamos a la casa en donde había de vivir experiencias que influirían en mí profundamente.

En Jaboatao perdí a mi padre. En Jaboatao experimenté lo que es el hambre y comprendí el hambre de los demás. En Jaboatao, niño aún, me convertí en un hombre, gracias al dolor y al sufrimiento, que, sin embargo, no me sumergieron en las sombras de la desesperación. En Jaboatao jugué a la pelota con los niños del pueblo. Nadé en el río y tuve mi primera iluminación: un día contemplé a una niña desnuda. Ella me miró y se puso a reír… En Jaboatao, cuando tenía diez años, comencé a pensar que en el mundo había muchas cosas que no marchaban bien. Y aunque era un chiquillo, empecé a preguntarme qué podía hacer yo para ayudar a los hombres.

No sin dificultades pasé mi examen de admisión en la escuela secundaria. Tenía quince años y aún escribía ratón con dos “rr”. A los veinte años, sin embargo, en la Facultad de Derecho, había leído ya las Soroès gramaticaes, de Carneiro Ribeiro; la Réplica y la Tréplica, de Rui Barbosa, y algunos gramáticos portugueses y brasileños; y ya empezaba a iniciarme en el estudio de la filosofía y de la psicología del lenguaje, al tiempo que llegaba a ser profesor de portugués en la escuela secundaria. Empezaba entonces la lectura de algunas obras básicas de la literatura brasileña y de otras obras extranjeras.

Como profesor de portugués satisfacía el gusto particular que siempre he experimentado por los estudios que se relacionan en mi lengua, al mismo tiempo que ayudaba a mis hermanos mayores en el sostenimiento de la familia.

En esta época, a causa de la distancia (distancia que en mi ingenuidad no podía comprender), entre la vida, el compromiso que ésta exige y lo que dicen los sacerdotes en los sermones del domingo, me alejé de la Iglesia (no de Dios) durante un año, con gran tristeza de mi madre. Volví a ella gracias, sobre todo, a las lecturas de Tristán de Ataide, del que siempre me acuerdo, y por el que he experimentado desde entonces una admiración sin límites.

Al mismo tiempo que Ataide, leía a Maritain, Bernanos, Mounier y otros.

Como tenía una irresistible vocación de padre de familia, me casé a los veintitrés años, en 1944, con Elza Maía Costa Oliveira de Recife, hoy Elza Freire, católica como yo. Con ella continué el diálogo que había aprendido con mis padres. Tuvimos cinco hijos. Tres niñas y dos muchachos, gracias a los cuales el campo de nuestro diálogo se amplió.

Debo mucho a Elza, profesora de primaria, y después, directora de escuela. Su valor, su comprensión, su capacidad de amar, su interés por todo lo que hago, la ayuda que jamás me ha rehusado y que ni siquiera tengo necesidad de pedir, me ha sostenido siempre en las situaciones más problemáticas. Fue precisamente a partir de mi matrimonio cuando empecé a interesarme de una manera sistemática por los problemas de la educación. Estudiaba más la educación, la filosofía y la sociología de la educación que el derecho, disciplina en la cual apenas si era un estudiante mediocre.

Licenciado en Derecho en la Universidad que hoy se llama Federal de Pernambuco, traté de trabajar con dos colegas. Abandoné el Derecho después de la primera causa: un asunto de deudas. Tras hablar con el joven dentista, deudor tímido y vacilante, lo dejé ir en paz: que se pase sin mí, que prescinda del abogado, ¡me sentía muy contento de no serlo en adelante!

Trabajando en un departamento de Servicio Social, aunque de tipo asistencial (SESI), reanudé mi diálogo con el pueblo siendo ya un hombre. Como director del Departamento de Educación y de Cultura del SESI de Pernambuco, y después, en la Superintendencia, de 1946 a1954, hice las primeras experiencias que me conducirían más tarde al método que inicié en 1961. Eso tuvo lugar en el Movimiento de Cultura Popular de Recife, uno de cuyos fundadores fui, y que más tarde se continuó en el Servicio de Extensión Cultural de la Universidad de Recife, del que me correspondió ser el primer director.

El golpe de Estado (1964) no solamente detuvo todo el esfuerzo que hicimos en el campo de la educación de adultos y de la cultura popular, sino que me llevó a la prisión por cerca de setenta días (con muchos otros comprometidos en el mismo esfuerzo). Se me sometió durante cuatro días a interrogatorios, que continuaron después en el IPM de Río. Me libré refugiándome en la Embajada de Bolivia en septiembre de 1964. En la mayor parte de los interrogatorios a los que se me sometió lo que se quería probar, además de mi “ignorancia absoluta” (como si hubiera una ignorancia absoluta o una sabiduría absoluta; ésta no existe sino en Dios), lo que se quería probar, repito, era el peligro que yo representaba.

Se me consideró como un “subversivo intencional”, un “traidor de Cristo y del pueblo brasileño”. “¿Niega usted, preguntaba uno de los jueces, que su método es semejante al de Stalin, Hitler, Perón y Mussolini? ¿Niega usted que con su pretendido método lo que quiere es hacer bolchevique al país…?”

Lo que aparecía muy claramente en toda esta experiencia, de la que salí sin odio ni desesperación, era que una ola amenazante de irracionalismo nos había invadido: forma o distorsión patológica de la conciencia ingenua, peligrosa en extremo a causa de la falta de amor que la alimenta, a causa de la mística que la anima.

Del libro: “El mensaje de Paulo Freire. Teoría y práctica de la liberación”.

Autor: Paulo Freire