Al final de cuentas, ¿es español o castellano?

Español o Castellano

Senda confusión esta que crea nuestra maravillosa lengua serventina. Especialmente para los extrajeros, aun persiste la duda por el uso de los términos español y castellano.

Es frecuente que al preguntar por el nombre de la lengua de los hispanohablantes obtengamos dos respuestas: castellano y español. Haga la prueba. Por lo general, empleamos ambos indistintamente; sin embargo, si atendemos a su origen podemos afirmar que entre estos dos términos existe alguna diferencia.

Como sabemos, nuestra lengua tiene su origen en el latín vulgar implantado en la península ibérica (actual España y Portugal) desde el siglo III a. C. y que hacia el siglo VII se irá fragmentando hasta dar lugar a las llamadas lenguas romances: castellano, catalán, gallego, portugués, ente otras.

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¿De dónde vienen? ¿Especial o diversa?

elespanolaldia

educacionDesde el punto de vista etimológico, especial, palabra registrada en la lengua española alrededor del 1220-1250, se deriva de especie, del latín species, “tipo, especie” y propiamente “aspecto, apariencia”, porque, a su vez, species viene de specere, palabra que en el latín arcaico significaba “mirar”. Hoy, su primera acepción en el DRAE reza: “singular o particular, que se diferencia de lo común o general”.
Entre sus sinónimos se hallan extraordinario, excepcional, asombroso, bello, bueno, impresionante, extraño, grande, original, raro, diferente, diferenciado, personal, particular, propio, singular, único, exclusivo, aislado, concreto, determinado, distinto, de encargo, específico, individual, a la medida, peculiar, señalado, separado, sui generis. El término especial procede del latín especialis, al igual que especializar, especialista y especialidad, y también se relaciona con especioso, de speciosus, “hermoso, con una bella apariencia”.
Sin embargo, defecto, “carencia de alguna cualidad propia de algo…

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La confusión por el uso del término “presidenta” en Brasil

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En Brasil existe una fervorosa confusión por el uso del término “presidenta”, aplicado a la líder de la nación, Dilma Rousseff. Claro, este enredo tiene que ver con la estructura gramatical del idioma portugués. Pero, ¿será que este malentendido aplica también al idioma español? ¿Será correcto emplear el término femenino “presidenta”, o debe siempre usarse el género masculino “presidente” para ambos sexos?

Presidenta
Dilma Rousseff, en el parlamento brasileño, defendiéndose del proceso de suspensión de su mandato presidencial (Foto: http://www.senado.gov.br)

Transcribimos aquí la opinión de la Real Academia de la Lengua Española.

Circula por internet un documento que aduce una serie de razones pseudogramaticales para censurar el uso de femeninos como presidenta. La parte fundamental de la explicación dice:

El participio activo del verbo atacar es «atacante»; el de salir es «saliente»; el de cantar es «cantante» y el de existir, «existente». ¿Cuál es el del verbo ser? Es «ente», que significa ‘el que tiene entidad’, en definitiva ‘el que es’. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación «-nte». Así, al que preside, se le llama «presidente» y nunca «presidenta», independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.

Esta argumentación se basa en tres afirmaciones:

  • que el participio activo del verbo ser es ente,
  • que la terminación –nte que añadimos a los participios activos de los verbos procede de ente,
  • que dicha terminación se toma de ente porque este denota entidad o significa ‘el que es’.

Sin embargo:

1. El participio activo del verbo ser no es ente. El único participio que actualmente tienen, de forma general, los verbos españoles, es el de perfecto (por ejemplo sido, para el verbo ser, o comido para comer). Solo algunos verbos tienen entre sus derivados los llamados participios activos, que hoy se consideran sustantivos (como presidente) o adjetivos (como atacante o cantante). El verbo ser tuvo en el pasado una forma de participio activo hoy perdida, pero no era ente sino eseyente.

2. La terminación –nte no procede de ente. Nuestro sustantivo ente (que, como se ha dicho, no es el participio del verbo ser) sí que deriva, sin embargo, de ens, entis, participio de presente del verbo latino esse (‘ser, estar’). Pero el hecho crucial no es que el participio del verbo ser en latín tuviera esta forma entis, sino que todos los participios de presente del latín tenían esta misma forma: e-ntis, ama-ntis, lege-ntis, capie-ntis, etc. Obviando la raíz verbal y la vocal temática que quedan a la izquierda del guion, en todas estas formas lo que encontramos es la secuencia –nt– y la terminación –is, desinencia de caso genitivo.

Esta secuencia –nt– es un infijo, un elemento que se inserta en el interior de una palabra, y es una marca morfológica que indica un subtipo concreto de declinación por el que se guían algunas de las palabras que forman parte de la tercera declinación latina. Este mismo infijo, y este mismo submodelo de declinación (llamado precisamente temas en –nt-), está presente también en otras lenguas, como el griego clásico. Aunque por este modelo de temas en –nt– se declinan solo unos pocos sustantivos y adjetivos, en la práctica es muy productivo, porque es el modelo por el que se declinan todos los participios de presente activos de todos los verbos latinos y varios de los participios del griego clásico.

3. La terminación -nte no se toma de ente porque este denote al ser. El hecho de que esta secuencia -nt- aparezca no solo en ente, sino en todos los participios de los verbos latinos e incluso en otros adjetivos (como prudentis, ‘prudente’), sustantivos (como /leontos/, ‘león’ en griego) y determinantes (como /panta/, ‘todo’ en griego) prueba que esa –nt– no ha sido nunca, a lo largo de su historia, marca de entidad o de existencia. Nunca, por sí sola, ha denotado al ser, al ente. Llegó a denotar, en latín, al ente al entrar en interacción con el verbo ser, pero entró en contacto con este verbo, como con todos los demás verbos latinos, pues no es más que una marca morfológica de la que los verbos se sirven para declinar una de sus formas no personales, el participio.

Lo que históricamente existe es este infijo –nt– y no la terminación –nte. Recordemos que en las formas amantis o legentis la terminación –is es marca de genitivo, pero este es solo uno de los seis casos que tienen las declinaciones latinas. Estas declinaciones establecen distintas terminaciones en función del caso, del género y del número: un participio como entis puede tener potencialmente hasta 24 desinencias, es decir, 24 terminaciones después del infijo –nt– (entem, entis, enti, entium, entia, etc.) que se encargan precisamente de marcar el caso, el número y el género. Nada, por tanto, en la morfología histórica de este elemento –nt– impide que las palabras que se forman con él tengan una forma distinta para el género femenino; es más, históricamente este infijo ha formado parte de palabras que explícitamente diferenciaban el género.

Por último. Es cierto que el español conserva este infijo fundamentalmente en la terminación –nte, y es fácil caer en el error de creer que la emplea solo para referirse a la persona que realiza la acción del verbo (presidente el que preside, cantante el que canta, atacante el que ataca). Sin embargo esto no es una verdad absoluta: ni todos los verbos se refieren al agente con esta terminación, ni siempre que esta terminación aparece se asocia a la persona que lleva a cabo la acción del verbo.

Los que luchan, los que inventan, los que trabajan, los que corren, etc. no son los luchantes, los inventantes, los trabajantes, etc. sino el luchador y la luchadora, el inventor y la inventora, el trabajador y la trabajadora. El español actual conserva, además, casos en los que este infijo es más una mera marca gramatical (heredera de un antiguo participio que hoy ya no se siente como tal): mediante, de mediar; durante, de durar; o bastante, de bastar. Y de hecho, en el español de otras épocas estas palabras tenían forma en plural (era, por ejemplo, posible decir ellas durantes).

Nada en la morfología histórica de nuestra lengua, ni en la de las lenguas de las que la nuestra procede, impide que las palabras que se forman con este componente tengan una forma para el género femenino. Las lenguas evolucionan y en esa evolución se transforman. Estos cambios se deben a muchas causas, algunas son causas internas (evoluciones fonéticas, por ejemplo); otras son externas, el contacto con otras lenguas o el cambio en las sociedades que las hablan. Para que una lengua tenga voces como presidenta, solo hacen falta dos cosas: que haya mujeres que presidan y que haya hablantes que quieran explícitamente expresar que las mujeres presiden. Si esas dos circunstancias se dan, ninguna supuesta terminación, por muy histórica que sea su huella, frenará el uso de la forma femenina (pregúntese el lector por qué no se han levantado voces contra el uso del femenino sirvienta). Pero es que, además, en el caso de este infijo concreto, la historia de nuestra lengua y la de las lenguas que la precedieron pueden llegar a avalar el uso de voces como presidenta, pues al hilo de esta explicación parecen ser menos conservadoras que la variedad actual.

Vea: http://www.fundeu.es/escribireninternet/presidenta/

Vea esta otra explicación de la Academia de la Lengua:

La palabra presidenta está registrada en el Diccionario académico y es una forma válida y preferible a presidente para aludir a las mujeres que ocupan ese cargo.

En las noticias es frecuente encontrar las formas presidenta y presidente para aludir a mujeres como en «La presidenta argentina exhortó a seguir por el camino de la reindustrialización», «Existía la esperanza de que con la llegada de la presidente Bachelet se eliminaría este impuesto» o «Ana Patricia Botín, nueva presidente del Santander».

Dado que la mayoría de las palabras que han añadido el sufijo -nte son comunes en cuanto al género (como el donante y la donante, del verbo donar), a menudo se plantea la duda de si sucede lo mismo en el caso de presidente y ha de ser siempre la presidente cuando alude a una mujer.

Sin embargo, la Gramática académica explica que la voz presidenta es un femenino válido en el que se ha cambiado la e final por a, al igual que ocurre con asistenta, dependienta, infanta o intendenta. Puesto que, además, presidenta ya tiene registro académico desde el Diccionario de 1803, se emplea desde mucho antes y es la forma mayoritaria según el Diccionario panhispánico de dudas, no parece que haya motivo para no usar o incluso para no preferir esta forma cuando el referente es una mujer.

Por esta razón, en los dos últimos ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «Existía la esperanza de que con la llegada de la presidenta Bachelet se eliminaría este impuesto» o «Ana Patricia Botín, nueva presidenta del Santander».

Se recuerda además que los cargos se escriben con minúscula inicial (presidenta, no Presidenta).

Ver: http://www.fundeu.es/recomendacion/presidenta-femenino-correcto/

 

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¿Dónde nació el monstruo de Frankenstein? En la misma casa donde se concibió a Drácula

El otro día tuve que escribir un artículo sobre Ginebra: Cosas que no sabías sobre Ginebra o lo que opinaba Borges al respecto. Ahora quiero hablaros de nuevo de esta ciudad suiza, pero centrándome en los alrededores. Concretamente del fascinante caserón donde nacieron algunos de los monstruos más famosos de la literatura. Es uno de tantos caserones de las afueras de Ginebra, rodeados de jardín y vistas espectaculares del Lago Leman. Su nombre: Villa Diodati. El lugar de reunión de tres escritores durante el año 1816.
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El ambiente antológico sirvió de fuente de inspiración para la obra de Mary Godwin, Frankenstain

Hay que superar la ceguera del nacionalismo para fortalecer la presencia del idioma español en el mundo

El director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, cree que hay que superar «la ceguera del nacionalismo español» y darse cuenta de la gran riqueza patrimonial de Iberoamérica. A su juicio, «tendríamos mucha más fuerza en Europa».

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García de la Concha: “Hay que superar la ceguera del nacionalismo español” (Foto: diario.es)

«Promovería además la lengua en los tratados comerciales entre Europa y EE. UU. y entre Europa e Iberoamérica», añadió De la Concha en la inauguración del curso de verano de la Universidad Complutense de Madrid, «Desenvolverse con éxito en el mercado de la enseñanza de las lenguas extranjeras», en San Lorenzo de El Escorial.

García de la Concha afirmó que, para consolidarse como segunda lengua internacional de comunicación, el español debe contar con mucha más aceptación en los organismos internacionales. Según sus palabras, «ahí es donde estamos fallando».

El director argumentó que se ha fallado sobre todo en Europa, donde se  ha favorecido a la franja superior y no a la franja sur (Italia, Portugal y España), por lo que considera que es un problema de trabajo político donde se tiene que trabajar.

Cree también que EE. UU. puede jugar un papel muy importante para que el español se consolide como segunda lengua de comunicación internacional . Para ello, hay que realizar un trabajo panhispanisco, es decir, ‘descubrir el valor del panhispanismo (la unión de los países castellanohablantes) y hacer una labor común’ para su difusión.

Desconocimiento de la realidad de la lengua española

Con motivo de su participación en un curso universitario de verano, el exdirector de la Real Academia Española (RAE) y académico, José Manuel Blecua lamentó que  exista un «desconocimiento» de la realidad americana en España, lo que considera «una lástima, una pena y hasta una vergüenza».

Según declaraciones dadas a EFE, Blecua indicó que las voces hispanoamericanas incluidas en el último Diccionario de la lengua española constituyen menos de la cuarta parte del total, cuando considera que podrían llegar a ser «muchas más».

Blecua, ponente en el curso de verano de la Universidad de Málaga Vigencia y Valor de la Lengua Española en el IV Centenario de la Muerte de Cervantes, ve la educación como «el gran reto» de los países de habla hispana, lo que requiere de «unos medios gigantescos», de los que —a su juicio— se carece.

El exdiretor considera necesaria una «voluntad por parte de todos» y «un deseo de modificar y estabilizar determinadas actitudes», especialmente la preocupación política.

Ha defendido la función del libro como «vehículo de propaganda» del español porque «sigue siendo, como decía Erasmo, el camino mejor del conocimiento», pero sin anquilosarse en un único soporte (la RAE sacará su próxima edición del Diccionario en versión digital antes que en papel).

Sobre la contribución de Internet a la lengua hispana, calificada por el lingüista como «incalculable» e «impensable», ha añadido que la Academia recibe más de un millón de consultas diarias en su web, además de las preguntas formuladas a través de la red social Twitter.

Para más información, vea: Fundeu.

Sobre los 7 idiomas más hablados del mundo moderno

Los flujos migratorios o los cambios económicos determinan la expansión de un idioma como rasgo más característico de una cultura, de su tradición o su predisposición de apertura al extranjero.

La evolución de un mundo que gira más rápido que nunca y en el cual encontramos estos 7 idiomas más hablados que, además, guardan celosamente algunas de sus palabras más curiosas e intraducibles.

Entrevista con Nadia Comaneci, la mejor gimnasta de todos los tiempos

Ahora, con la proximidad de los Juegos Olímpicos, aprovechemos un poco de tiempo para ver la entrevista hecha a Nadia Comaneci un tiempo atrás, pero que continúa siendo bien actual. Nadia Comaneci es considerada -y con sobradas razones- la mejor gimnasta de todos los tiempos.

Nadia Comaneci revolucionó la gimnasia a nivel mundial al obtener en las olimpiadas de Montreal de 1976 el primer 10 de la historia. Al visitar España —promocionando la Fundación Laurus del deporte con la que colabora para fomentar la práctica del deporte entre los jóvenes por todo el mundo— aprovechó para acudir como invitada especial al programa de Antena 3, El Hormiguero, en el que compartió las claves de su éxito. Sus palabras son valiosas lecciones que todos deberíamos aplicar en nuestra vida y en nuestros proyectos.

Cuál es el futuro del español global

En 1993, Umberto Eco publicaba La búsqueda de la lengua perfecta, en la que recorría las motivaciones que habían llevado a los europeos a perseguir desde la Edad Media una lengua única y universal, destinada a cubrir las necesidades consideradas en cada época como imperiosas o relevantes. Siendo así que el interés por las lenguas internacionales no es asunto del último siglo, sino que viene de lejos y con algunos rasgos no tan ajenos al presente, cabe una mínima reflexión sobre el concepto de “lengua global” en relación con las lenguas inglesa y española. ¿Qué es una lengua global? ¿Es realmente el inglés una lengua global? ¿Puede ser considerado el español una lengua global?

 Español Global

Para no provocar intriga alguna, me apresuro a explicitar mi premisa mayor, que no es otra que la siguiente: en la historia de la humanidad nunca ha existido una lengua global y resultará difícil que llegue a haberla. Esto supone afirmar que el inglés no es una lengua global y, por supuesto, que tampoco lo es el español. En las caracterizaciones propuestas en diferentes medios, a menudo se comentan rasgos como los siguientes para aplicar a una lengua el adjetivo de “global”: disponer de una gran comunidad nativa; servir de vehículo de comunicación a realidades etnoculturales diferentes; utilizarse para la comunicación internacional en el ámbito del comercio y las finanzas; servir para las relaciones internacionales; ser utilizada en medios de comunicación de gran alcance; manejarse para la comunicación científica y tecnológica. Ahora bien, estas características, presentadas como propias de una “lengua global”, también pueden identificarse en muchas de las lenguas llamadas internacionales, como el francés, el ruso o el español.

Las lenguas globales deberían caracterizarse con referencia al proceso genérico de la globalización. Thomas Eriksen distinguió una serie de factores con capacidad de proyectarse sobre las lenguas. Según esos criterios, una lengua global no estaría necesariamente anclada a un territorio; sería objeto de una estandarización derivada de acuerdos internacionales; facilitaría la conexión de múltiples agentes por canales y medios diversos; se vería implicada en desplazamientos humanos debidos a migraciones, placer o negocios; experimentaría mezclas en su forma y en sus usos; resultaría más vulnerable a procesos de cambios externos; y admitiría también su interpretación como instrumento de identidad local o regional. Todos esos factores de globalización, aunque en distinto grado, se manifiestan en el español, como lo hacen en inglés. ¿Por qué negar, por tanto, la existencia de las lenguas globales?

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El rey de España anima a la RAE a su reto digital «con la fuerza de la unidad del español»

El rey ha garantizado hoy ante el plenario que reúne a los académicos de la lengua el «estímulo» y la «ayuda» de la Corona a la Real Academia Española (RAE) ante el reto de «la adaptación del trabajo académico a la era digital», que afronta ahora esta institución «con la fuerza de la unidad del español».

Don Felipe y doña Letizia han presidido esta tarde la reunión semanal de la junta de la RAE que la Academia celebra todos los jueves, una sesión de trabajo a la que han asistido 37 académicos y en la que el director, Darío Villanueva, ha presentado a los reyes un informe sobre la situación y las actividades de la institución.

Villanueva ha subrayado el aumento progresivo de los accesos a la versión para internet de la 23.ª edición del Diccionario de la lengua española (DLE), que ya ha superado los 73 millones de consultas mensuales, y los reyes, a través de grandes pantallas instaladas en el salón de plenos, han podido seguir en tiempo real las consultas de usuarios que llegaban en ese momento a los servidores de la RAE.

Previamente, Felipe VI ha dirigido a los asistentes unas palabras, en las que ha destacado cómo, «con la fuerza de la unidad del español» y «tras la brillante conmemoración del tricentenario», la RAE afronta ahora el reto de la adaptación a la era digital, a la que el Diccionario, «que se ofrece gratuitamente en línea al mundo entero, hace una decisiva aportación».

Una contribución que actúa además «como avanzada de otros proyectos que nos consta están ya en marcha en la misma dirección», ha continuado el monarca, antes de añadir: «Para ello contáis, como siempre, con nuestro estímulo y nuestra ayuda».

Don Felipe y doña Letizia han recibido asimismo información del académico y tesorero de la RAE, Guillermo Rojo, sobre el proceso de elaboración de la nueva planta de la 24.ª edición del Diccionario, concebida ya «como una obra plenamente digital, aunque también tendrá, previsiblemente, formato impreso», según ha precisado la Real Academia en un comunicado.

Además, el académico José Antonio Pascual, director del nuevo Diccionario histórico del español, ha expuesto a los reyes «las características de este ambicioso proyecto, también digital, del que ya existen muestras y ejemplos disponibles para su consulta en la red».

En el correspondiente «turno de libros», don Felipe y doña Letizia han recibido distintos ejemplares entregados por varios académicos y una edición del Quijote publicada en polaco, «como muestra de las constantes traducciones que se hacen de la obra cumbre de Miguel de Cervantes en el año del cuarto centenario de su muerte».

Vista general de la reunión plenaria de la Real Academia Española que han presidido los reyes Felipe VI y Letizia hoy en la sede de esta institución cultural en Madrid. EFE/Kiko Huesca

Como en todos los plenos, el director ha dado paso posteriormente al denominado «turno de papeletas», dedicado en cada sesión al análisis y debate sobre cuestiones relacionadas con nuevas incorporaciones o modificaciones de las entradas del Diccionario de la lengua española.

Los reyes, que han firmado en el Libro de Honor de la RAE, han recibido de manos de su director ediciones facsimilares de las primeras ediciones de la Ortografía (1741) y de la Gramática (1771) académicas.

También han sido obsequiados con un facsímil de la oración de apertura y cierre de la junta académica, que, según el protocolo habitual de estas sesiones, se inicia, como marca la tradición desde 1713, con la lectura de las preces en latín.

Don Felipe y doña Letizia, que a su llegada a la sede de la RAE han saludado a cada uno de los participantes en la sesión y han posado con todos ellos para los medios gráficos en las escaleras del vestíbulo, han conversado tras la junta con los académicos y han saludado a una representación de los 72 profesionales que colaboran en las distintas tareas de la Academia.

La vinculación de la casa real con la RAE ha sido constante desde su creación bajo el reinado de Felipe V y actualmente se caracteriza por un apoyo activo de los reyes, que presidieron la presentación de la 23.ª edición del Diccionario, cuyo último ejemplo es la celebración en la Zarzuela, hace apenas dos días, de la reunión anual del patronato de la Fundación Pro Real Academia Española.