“Salle”, la palabra imposible del español

La ortografía del idioma español o castellano tiene un problema casi imposible de resolver: el imperativo de “salirle”, que debería ser “salle”. El problema es que no se puede escribir de esta forma, porque de hacerlo  así, tendríamos que pronunciarlo con el sonido de la doble l, es decir, “elle”. Acompañe el audio de Juan Antonio Vásquez, en su programa “El Palabrero”, de RNE.

 

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La lucha ortográfica de solo contra sólo

Esta lucha ortográfica de solo contra sólo no parece tener fin. Ya se pasaron algunos años desde que la Real Academia de la Lengua Española – RAE le dio un espaldarazo a la palabra “solo” (sin acento), mientras que le dio la espalda, por lo menos así parece, a la palabra hermana, “sólo” (con acento en la primera vocal).
Pero los pelos no paran de ponerse de punta, porque ciertamente estas palabritas mágicas, “solo” y “sólo” no andan bien juntas, por lo menos eso es lo que nos quieren hacer ver algunos experts.

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Sólo o solo son palabras que han causado mucho dolor de cabeza a unos cuantos expertos. (Foto: http://www.artificecrea.com)

En este sentido, el Diccionario de Dudas explica lo siguiente:

Sólo, cuando equivalía al adverbio ‘solamente’, solía estar acentuado para diferenciarlo del adjetivo solo, sin tilde, que significa ‘sin compañía’ o ‘en soledad’. Actualmente, se admite el uso de solo, sin acentuación, tanto en el sentido de ‘solamente’ como en el sentido de ‘sin compañía’.
De este modo, solo puede funcionar como adverbio, adjetivo o sustantivo.

En su Ortografía de la Lengua Española, publicada en 2010, la Real Academia Española aconseja no acentuar el adverbio solo, incluso en casos en que pudiera haber ambigüedad. Según la RAE, estos casos deberían poder resolverse por el propio contexto.
En el Diccionario panhispánico de dudas (2005) se explicó otrora:

sólo/solo. La palabra solo puede ser un adjetivo: No me gusta el café solo; Vive él solo en esa gran mansión; o un adverbio: Solo nos llovió dos días; Contesta solo sí o no. Se trata de una palabra llana terminada en vocal, por lo que, según las reglas generales de acentuación, no debe llevar tilde. Ahora bien, cuando esta palabra pueda interpretarse en un mismo enunciado como adverbio o como adjetivo, se utilizará obligatoriamente la tilde en el uso adverbial para evitar ambigüedades: Estaré solo un mes (al no llevar tilde, solo se interpreta como adjetivo: ‘en soledad, sin compañía’); Estaré sólo un mes (al llevar tilde, sólo se interpreta como adverbio: ‘solamente, únicamente’); también puede deshacerse la ambigüedad sustituyendo el adverbio solo por los sinónimos solamente o únicamente.

Así que es una cuestión de tiempo para ver quien se sale vencedor o vencedora en esa lucha cuerpo a cuerpo, marcada a 15 rounds imaginarios. Al final de cuentas, escribir solo (sin acento para todos los casos) es más fácil que memorizar un monte de reglas para definir si es solo o sólo.
Vea: http://lema.rae.es/dpd/?key=tilde;
Diccionario de Dudas: Cómo citar: “Sólo o solo”. En: Diccionariodedudas.com. Disponible en: https://www.diccionariodedudas.com/solo-o-solo/ Consultado: 27 de abril de 2018, 04:45 pm.
Vea también:
https://espanolaldia.wordpress.com/2015/01/28/algunas-reglas-ortograficas-del-idioma-espanol/; https://espanolaldia.wordpress.com/2015/03/16/las-38-palabras-peor-acentuadas-en-espanol/

Tratamiento ortográfico de extranjerismos, latinismos y locuciones

La nueva ortografía establece normas que deben seguirse cuando se emplean en textos españoles palabras o expresiones procedentes de otras lenguas, siendo la principal novedad en este sentido la equiparación en el tratamiento ortográfico de todos los préstamos (voces o expresiones de otras lenguas que se incorporan al caudal léxico del español), con independencia de que procedan de lenguas vivas extranjeras (extranjerismos) o se trate de voces o expresiones latinas (latinismos).

De acuerdo con estas normas, los extranjerismos y latinismos crudos o no adaptados —aquellos que se utilizan con su grafía y pronunciación originarias y presentan rasgos gráfico-fonológicos ajenos a la ortografía del español— deben escribirse en los textos españoles con algún tipo de marca gráfica que indique su carácter foráneo, preferentemente en letra cursiva, o bien entre comillas.

Por otro lado, los extranjerismos y latinismos adaptados —aquellos que no presentan problemas de adecuación a la ortografía española o que han modificado su grafía o su pronunciación originarias para adecuarse a las convenciones gráfico-fonológicas de nuestra lengua— se escriben sin ningún tipo de resalte y se someten a las reglas de acentuación gráfica del español:

  • Me gusta mucho el ballet clásico / Me gusta mucho el balé clásico.
  • Juego al paddle todos los domingos / Juego al pádel todos los domingos.
  • La reunión de la asamblea se suspendió por falta de quorum / La reunión de la asamblea se suspendió por falta de cuórum.

Así pues, según la ortografía, y tal como ilustra el último ejemplo, los préstamos del latín solo se escribirán en letra redonda y con sometimiento a las reglas de acentuación gráfica del español cuando estén completamente adaptados a nuestro sistema ortográfico, al igual que se hace con los préstamos de otros idiomas.

Por su parte, las locuciones o dichos en otras lenguas que se utilicen en textos españoles deben escribirse igualmente en cursiva —o, en su defecto, entre comillas— para señalar su carácter foráneo, su consideración de incrustaciones de otros idiomas en nuestra lengua:

  • La historia de María tuvo un happy end de película.
  • Su fama de femme fatale le abrirá todas las puertas.
  • La tensión social fue in crescendo hasta que, finalmente, estalló el conflicto.

Según se establece en la nueva edición de la ortografía, las locuciones latinas (expresiones pluriverbales fijas en latín que se utilizan en todas las lenguas de cultura occidentales, incluido el español, con un sentido más o menos cercano al significado literal latino) deben recibir el mismo tratamiento ortográfico que las provenientes de cualquier otra lengua. Por lo tanto, deben escribirse, de acuerdo con su carácter de expresiones foráneas, en cursiva (o entre comillas) y sin acentos gráficos, ya que estos no existen en la escritura latina:

  • Así fue, grosso modo, como terminó aquel debate.
  • Se casó in articulo mortis con su querida novia.
  • Renunció motu proprio a sus privilegios.
  • Decidieron aplazar sine die las negociaciones.
  • El examen post mortem mostró indicios de envenenamiento.
  • Las grandes potencias son partidarias del statu quo.

Extranjerismos

Referência y adaptación del Diccionario Panhispánico de Dudas

Proyecto Aula

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Estos son los contenidos que podrás encontrar en Proyecto Aula (http://lenguayliteratura.org/proyectoaula/contenidos/). Si lo deseas, también puedes hacerlo por conceptos más amplios utilizando el menú de la parte superior de la página.

 

La Academia de la Lengua Española expulsó el adjetivo “fácil” aplicado despectivamente a la mujer

La RAE ha llevado a cabo esta reforma a petición de personas anónimas y famosas, así como de diversas organizaciones y asociaciones, a pesar de que las modificaciones sólo se realizan una vez al año, cada mes de diciembre, informaron a Efe fuentes de la institución.
En este caso, el cambio tuvo lugar el jueves 8 de marzo, aunque la entidad asegura que no está relacionado con el hecho de que se celebrara el Día de la Mujer Trabajadora (Vea la definición en el DLE clicando aquí o en la imagen).

Definición de fácil
«Hacía tiempo que el Pleno había aprobado la modificación para esa acepción y no se ha querido esperar nueve meses para incorporarla porque se iba a hacer una revisión de erratas y una aportación de información a la clasificación temática», señalan las fuentes.
La quinta acepción de la palabra fácil indicaba ‘dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales’ y ahora aparece ‘dicho de una persona: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales’.
La RAE está estudiando también la petición del Círculo Fortuny, asociación que representa a empresas e industrias de alta gama españoles, para que se modifique la acepción de lujo ya que la existente es «negativa» por su identificación con «los ricos».
Tomado y adaptado de: https://www.fundeu.es/noticia/la-real-academia-espanola-elimina-la-acepcion-facil-referida-a-la-mujer/

Decálogo para corregir un texto

 

Decálogo para Corregir un Texto
Toque en la imagen para bajar una copia del manual que le ayudará a tener algunas ideas importantes relacionadas con la correción de textos.

 

prohíbe se escribe con tilde en la i y no “prohibe”

Prohíbe, con tilde en la i, y no prohibe, es la grafía adecuada de esta forma del verbo prohibir, conforme explicado en la página de la Fundación de la Lengua Española. Veamos la explicación dada:

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como «Austria prohibe el burka en pleno debatemigratorio», «Este fin de semana se cumplen 10 años desde la ley antitabaco británica que prohibe fumar en casitodos los espacios públicos cerrados» o «Egipto prohibe a los homosexuales salir en medios de comunicación».

Tal como señala la Ortografía de la lengua española, una vocal cerrada tónica (i, u) seguida o precedida deuna vocal abierta (a, e, o) forma hiato y lleva siempre tilde sobre la vocal cerrada, incluso si existe unahache intercalada y con independencia de las reglas generales de acentuación: día, reír, prohíbe, búho, prohíja,cohíbo, caída

Aunque esta norma suele aplicarse adecuadamente, cuando en la palabra aparece una hache entre vocales eshabitual dudar. La norma académica establece ya desde 1956 que la presencia de una hache no afecta a laacentuación del hiato, por lo que se escribe con tilde búho (igual que dúo) o vahído (igual que caído).

Así pues, en los ejemplos iniciales lo apropiado habría sido escribir «Austria prohíbe el burka en pleno debatemigratorio», «Este fin de semana se cumplen 10 años desde la ley antitabaco británica que prohíbe fumar en casitodos los espacios públicos cerrados» y «Egipto prohíbe a los homosexuales salir en medios de comunicación».

Tomado de: http: www.fundeu.es/recomendacion/prohibe-con-tilde-en-la-i-no-prohibe/

El diccionario de la lengua española y la mujer

Por

AMHERST, Massachusetts — Haga usted un experimento: busque una palabra no solamente en un diccionario, sino en muchos distintos. Lo que hallará lo sorprenderá.

Yo mismo lo hice hace poco. Le seguí la pista a la palabra mujer, que —no hace falta decir— está sobrecargada de significado. Desarrollé este experimento en orden regresivo, del diccionario más usado en la actualidad al más polvoriento.

Primero fui al Diccionario de la Lengua Española, que es algo así como un instrumento evangelizador en el mundo hispánico. La edición a la que acudí es de 2001. Dice, entre otras cosas, que mujer es una “persona del sexo femenino”.

Hoy esta definición parecerá sensata a la mayor parte de los usuarios. Se ajusta más o menos a los lineamientos culturales de nuestra sociedad. Pero hay quien se siente incómodo y tengo prueba de ello. Hace unos días se la mostré a un grupo de estudiantes de entre 18 a 22 años. Casi todos estaban inconformes. Propusieron una definición alternativa: “Persona que por sí misma se identifica con el sexo femenino”. Argumentaron que en el presente entendemos la sexualidad como un atributo biológico y también como una dimensión cultural. Uno no nace mujer sino se hace o elige serlo. Es decir, el sexo es una construcción social. Las personas transgénero optan por pertenecer a un sexo u otro.

Esa actitud es muestra de cómo los diccionarios están atrapados irremediablemente en su época. En sus páginas cabe toda la lengua. Vamos a ellos en busca de exactitud. Pero la exactitud de ahora es la inexactitud de mañana. Las expresiones que nos ofrecen son de quienes las hacen y, como anunciaba José Ortega y Gasset, cada uno de nosotros es en sí mismo y en su circunstancia. No es improbable que en la próxima edición del DLE se introduzcan cambios, no importa cuán sutiles sean.

Mi aventura me llevó a otros diccionarios. El Breve diccionario crítico etimológico del español (edición revisada de 1991), de Joan Corominas, dice que mujer viene del latín mulier y da estos derivados: mujercilla, mujerzuela, mujeriego, mujerío, mujerona y mujeruca. La lista da miedo.

María Moliner, una de mis heroínas (por cierto, esta palabra está en vías de extinción) que hasta donde entiendo es la única mujer que por cuenta propia se ha encargado de compilar un diccionario entero (salió en 1962) en castellano, y cuyo interés estaba en los usos que hacemos de las palabras, dice, otra vez entre otras cosas, que ¡Mujer! (Moliner envuelve la palabra entre signos de puntuación) es un “vocativo empleado en exclamaciones en lenguaje familiar, dirigiéndose a niñas o mujeres a las que no se les trata con respeto”. Da varios ejemplos, entre ellos: “¡Mujer… qué cosas dices (ve con más cuidado, …no digas esas cosas, …no quería decir eso, …acompáñame a casa)!”.

Moliner empezó a recopilar palabras en la segunda mitad de los cuarenta, un par de décadas antes de la así llamada “segunda ola feminista”. Ya para entonces ella compartía algunos de los manifiestos de esa ola. Su amigo Dámaso Alonso la impulsó a convertir su pasión en un libro que fuera útil a los demás. Ella silenciosamente insertó en sus definiciones un rechazo a las normas aceptadas de su contexto. Lo hizo sin propuestas aparatosas. Así, poco a poco y desde la sombra, es como trabajan los lexicógrafos. Su impacto es enorme porque establece los parámetros del conocimiento.

Hoy el de Moliner se conoce como Diccionario de uso del español. La edición que tengo en mi biblioteca personal ofrece una lista de variantes del uso de la palabra mujer. Por ejemplo, “mujer de la calle”, “mujer pública”, “mujer fatal”, “mujer objeto” y “de mujer a mujer”. Estas variantes dan muestra de la dosis de subjetividad que inyectamos en la palabra. Reconocer su veracidad es comprobar que hay pocas palabras neutrales.

Seguí luego en mi búsqueda con el Diccionario de autoridades, que fue hecho entre 1726 y 1739. Este lexicón sirvió de base en la redacción del Diccionario de la Lengua Española. El de Autoridades anuncia que muger (hasta el siglo XIX la palabra se escribía con g) “se entiende regularmente a la que está casada con relación al marido”. Dice que muger de la casa es “la que tiene gobierno y disposición para mandar y ejecutar las cosas que le pertenecen y cuida de su hacienda y familia con mucha exactitud y diligencia”. El mensaje es inconfundible: la mujer es esposa y regente doméstica.

De allí, lo que encontré fue, como decía Cantinflas, “de mal en pior”. El primer diccionario importante en nuestra lengua es el Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias, que fue auspiciado por el Santo Oficio de la Inquisición y apareció en 1611. Esta es una fecha importante porque está entre la aparición de la primera y la segunda parte del Quijote, la obra cumbre de la hispanidad renacentista. Allí hallé un párrafo largo y laberíntico que no alcanza a compactarse. Entre otras cosas —y aunque usted no lo crea— dice que muger es “tormento de la casa, naufragio del hombre, embarazo del sosiego, cautiverio de la vida, daño continuo, disfrazado veneno y mal necesario”.

Más que una definición, la de Covarrubias es un exabrupto misógino. Claro que en su época la actitud general ante las mujeres era la de verlas y tratarlas como seres inferiores. Hacia 1680, unos setenta años después, sor Juana Inés de La Cruz, la monja poeta, escribía en México sobre los “hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”.

Mi experimento fue a la vez asombroso y revelador. Los diccionarios son depósitos de la memoria colectiva. Un recorrido a través de ellos es un viaje en el tiempo. Sirve para percatarse de que las palabras que usamos a diario son más que meros vocablos. Guardan secretos históricos. Este ir y venir me hizo pensar en la “Oda al diccionario” de Pablo Neruda, acaso uno de los poemas más hermosos que conozco:

Diccionario, no eres tumba, sepulcro, féretro, túmulo, mausoleo,
sino preservación, fuego escondido, plantación de rubíes, perpetuidad viviente de la esencia, granero del idioma.

Tomado de: https://www.nytimes.com/es/2017/10/06/el-diccionario-y-la-mujer/

 

Errores típicos al escribir un libro

Errores al escribir

Por:    Carmen Guillén

Si el otro día pensaba en esos lectores que también son escritores, hoy lo vuelvo a hacer. Os traigo una serie de errores típicos al escribir un libro que quien más y quien menos ha cometido alguna vez. ¿Estáis de acuerdo con ellos? ¿Pondríais algunos más?

Vamos a enumerarlos:

  1. Los detalles y la excesiva adjetivación es lo que más abunda en muchos textos literarios. ¡Error! Para hacer una lectura agradable, sencilla y amena, debes poner los detalles precisos y no cargar el texto en exceso de ellos. Estos sólo consiguen aburrir al lector y que cada vez se sienta más perdido en tu lectura.
  2. No te pones en la piel del lector. Cuando escribimos, debemos hacerlo pensando además de que nos guste a nosotros mismos, que le guste a nuestros lectores. Por ello, antes de empezar, te recomendamos que selecciones el público al que quieres dirigir tu obra (público infantil, juvenil, lectores de novela erótica, apasionados de la historia, mujeres, etc.) y pensar en todo momento, si lo que estamos escribiendo le gustaría a ese público seleccionado. Así te asegurarás de que en caso de que lo auto-publiques o te lo publiquen, tengas éxito.
  3. No dejes finales abiertos. A veces están bien, pero la verdad es que es realmente “cruel” escribir una novela realmente buena que nos deje expectantes hasta el final para encontrarnos que este es abierto a la imaginación de cada uno. Estos finales no suelen gustar.
  4. Un diálogo mal hecho. Los diálogos entre personajes es de lo que más atormenta a los escritores. Muchos son demasiado ficticios y no tienen nada de naturalidad; otros sin embargo, son demasiado simples y no tienen demasiada consecuencia ni efecto en el resto del libro. Cuando hagas un diálogo, dedícale tiempo y léelo tantas veces haga falta antes de continuar tu libro.
  5. Expresiones que estamos hartos de oír. Muchas veces escribimos coletillas o expresiones que todos escuchamos y leemos en uno y otro lado. No las utilices, y si lo haces, que sea rara vez. Suelen cansar al lector.
  6. No escribas un final más que evidente desde la primera página de su lectura. Los finales que se intuyen desde las primeras páginas del libro hacen que el resto sea demasiado aburrido porque no dejas nada a la imaginación del lector, y de estos, por desgracia, abundan…

Podría poner alguno que otro más, pero no voy a ser la típica redactora pedante (los narradores pedantes también suelen ser bastante tediosos de leer) y os dejo con estos seis. ¿Creéis que me equivoco con ellos o por el contrario estáis de acuerdo?

Tomado de: https://wordpress.com/read/blogs/43034577/posts/27783

Vea tambiém:

La ortografía de las redes sociales en la mira de los lingüistas

https://espanolaldia.wordpress.com/2013/10/06/manual-ortografico-para-escribir-en-internet/

Al final de cuentas, ¿es español o castellano?

Español o Castellano

Senda confusión esta que crea nuestra maravillosa lengua serventina. Especialmente para los extrajeros, aun persiste la duda por el uso de los términos español y castellano.

Es frecuente que al preguntar por el nombre de la lengua de los hispanohablantes obtengamos dos respuestas: castellano y español. Haga la prueba. Por lo general, empleamos ambos indistintamente; sin embargo, si atendemos a su origen podemos afirmar que entre estos dos términos existe alguna diferencia.

Como sabemos, nuestra lengua tiene su origen en el latín vulgar implantado en la península ibérica (actual España y Portugal) desde el siglo III a. C. y que hacia el siglo VII se irá fragmentando hasta dar lugar a las llamadas lenguas romances: castellano, catalán, gallego, portugués, ente otras.

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