El poder de la letra ‘a’

La letra “a” es tan poderosa que ejerce una tremenda influencia en las palabras. Por razones obvias, no paramos para pensar en cómo es que esta letra nos afecta. Veamos entonces algunos detalles sobre este asunto.

Letra AEl Diccionario de la lengua española (2005), de Espasa-Calpe, menciona algunos detalles que nos interesan, definiendo de esta forma la letra ‘a’: “f. Primera letra del alfabeto español y primera de las vocales: la ‘a’ es la vocal más abierta. pl. ‘aes’. Prep. Denota el complemento de la acción del verbo: respeta a los ancianos. Seguida del artículo ‘el’, forma la contracción ‘al’. Es régimen preposicional de muchos verbos, sustantivos y adjetivos: fiel a los amigos. Forma locuciones prepositivas: a diferencia de. Forma expresiones adverbiales: a dedo.

También, la letra ‘a’ indica dirección o destino: ir a la oficina. Indica posición, situación o estado: estar a la derecha; echar los garbanzos a remojo; seguir a la espera. Indica el momento en que ocurre una cosa: llegará a las dos. Indica intervalo de lugar o de tiempo: tu pueblo está a 20 km; tardaron media hora en ir de un sitio a otro. Indica finalidad: vendrá a comer. Se usa en muchas perífrasis: quedarse a dormir. Indica el modo o manera en que se hace algo: hablar a voces; cita a ciegas. Indica el precio de algo: las patatas están a setenta pesetas el kilo. Indica una orden. Va seguida de un infinitivo: ¡a callar! Indica distribución: tocamos a dos dólares por persona. Indica comparación o contraposición entre dos personas o conceptos: va mucho de tu hermano a tu novio. Indica el instrumento con que se hace algo: moler a palos. Indica el límite de algo: llegar el agua a las rodillas. En expresiones de sentido condicional, equivale a la conjunción ‘si’. Va delante de un infinitivo: a decir verdad. No se debe confundir con ‘ha’ (del verbo ‘haber’) ni con la interjección ‘¡ah!’

Según el Diccionario de Términos Literarios, la letra ‘a’ es la primera letra del alfabeto castellano, procedente del latino. Su origen es el jeroglífico egipcio en escritura hierático-cursiva conocido como ahom, que representa a la cabeza del ibis. Entre los fenicios se llamó alph (‘buey’), por su semejanza con el contorno de la cabeza del animal y dio lugar a la aleph hebrea. Para los griegos, alfa era el símbolo de los malos augurios en los sacrificios.

En lógica, es el signo de la proposición universal afirmativa y, en métrica se utiliza para señalar, junto al resto de las letras del abecedario, las diferentes rimas de una estrofa o de un poema. La A mayúscula, se utiliza para versos de arte mayor (a partir de ocho sílabas), mientras que la a minúscula para versos de arte menor (de hasta ocho sílabas):

Un detalle interesante tiene que ver con el enorme conjunto de palabras que inician con el sufijo ‘a’, como en el caso de ‘acariciar’, ‘admirar’, ‘ajustar’, ‘amansar’, etc., que al ser separado de cuerpo de la palabra (raíz), nos permite tener una visión más clara sobre el significado de dicha palabra (*a-cariciar, *ad-mirar, *a-justar, *a-masar).

Aprended, flores, de mí  [a]

lo que va de ayer a hoy  [b]

que ayer maravilla fui  [a]

y hoy sombra mía aún no soy.  [b]

Luís de Góngora

Se me hiela la voz en la garganta.  A

Mi voz más dulce, con la que solía  B

hablar de amor a solas, se me enfría  B

aprisionando todo lo que canta.  A

Ángel González.

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